Al principio
Podemos
imaginarlo como lo que sucede cuando el recién nacido abandona el cuerpo de su
madre (ese primer momento de individuación) [1]
o como sería si nos detuviéramos en el tiempo, apagáramos todos los sentidos y registráramos
lo que sucede empezando desde cero, empezando desde lo más básico y simple.
Como si todo lo anterior fuera borrado y olvidado.
En ambas hipotéticas
situaciones (ya que no podemos reproducirlas realmente con exactitud) podemos
imaginar la situación inicial y la cadena de sucesos y procesos que tienen
lugar.
En el momento
cero (y extrapolando en la eternidad o vacío pasado anterior) no tenemos ni
recordamos ninguna sensación, los sentidos están inactivos y hemos estado
desconectados de ellos anteriormente así que nada nos llega, nada nos ha
llegado. No sentimos nada ni recordamos ninguna sensación previa.
No hay pasado, no
hay presente, no hay tiempo.
No hay sujeto, ego,
yo o como queramos llamarlo, no nos hemos diferenciado del exterior (de hecho
no hay exterior ni interior) porque no hay un medio, un límite separador.
No hay ningún
contenido de conciencia, ya que no hay sensaciones, ni recuerdos, ni sujeto
pensante, ni tiempo, ni diferenciación entre un exterior y un interior.
Difícil de
imaginar ( si no imposible)… en todo caso, esa situación puede ser la clave
para entender que son todos esos fenómenos que se manifestarán después:
sensaciones, percepciones, ideas, razonamientos, lógica, modelos,
interpretaciones, conocimiento… En ese momento primigenio en que el sistema
existe pero todavía no se ha puesto en funcionamiento, el universo existe pero
no es percibido, no es pensado y por tanto no ha sido interpretado, no ha sido
codificado. Es distinto del que conocemos, es otra cosa, ajena a lo humano,
autónoma e independiente.
Y entonces todo
se pone en marcha.
Abrimos la puerta
al exterior o, con otra imagen, activamos el interruptor y la máquina se pone
en marcha.
Empezamos a tener
sensaciones (nuestros sentidos emiten señales en contacto con determinados
estímulos). Algunas de esas sensaciones se fijan y se convierten en
percepciones (superan un determinado umbral y determinadas condiciones de
entorno y nos afectan, producen un efecto superior).
Esas percepciones
(dicho sea de paso) no son neutras, algunas son placenteras y otras dolorosas.
De esos efectos somos conscientes, esto es, son percepciones también.
Algunas de estas
percepciones son recordadas, se almacenan, codificadas y pueden ser
reproducidas. No son las mismas sensaciones que tuvimos, pero están asociadas a
ellas de forma directa y unívoca.
Y entonces, en un
momento posterior (y sorprendentemente mágico) nuestro bebé o nuestro sujeto en
el umbral de la puerta toman conciencia, se dan cuenta de la situación. De
repente notan que hay un todo fuera, diferente de ellos mismos y que por tanto,
ellos son algo diferenciado.
Porque lo de
fuera cambia, porque es distinto de esa cosa que siente, percibe y recuerda.
Porque lo de
dentro mantiene una estabilidad y coherencia. Una unidad. Cambia pero mantiene
recuerdos, memorias en las que se reconoce.
Y también hay
tiempo, porque hay recuerdos y porque las sensaciones, las percepciones y los
recuerdos se suceden en serie y en algún tipo de orden.
Y también hay
espacio, porque hay un dentro y un fuera. De hecho el espacio empieza justo en
la línea divisoria entre el yo y el universo. Y ese espacio tiene dimensiones y
características propias.
Y además nuestros
sujetos razonan: sus recuerdos y sus percepciones se relacionan unas con otras,
se parecen, unas siguen a otras con patrones de repetición, se crean clases y
tipologías, se crean modelos… eso permite anticiparse y prever, en resumen,
nuestros sujetos manipulan sus contenidos de conciencia subjetivamente a
voluntad.
Esa manipulación
muy variada en sus formas y potencialmente infinita en la cantidad de
resultados generados. Algunos más útiles, algunos más elaborados, otros, como
estas líneas, sin demasiadas pretensiones.
En todo caso,
nuestro bebé y nuestro humano reiniciado se enfrentan a una situación
especialmente compleja: percepciones, signos, ideas, verdad, interpretaciones,
causalidad, conocimiento, opiniones, sabiduría, duda, creencias, placer, dolor,
moral, lógica….
Un mundo creado
por explorar.
[1] Vamos a suponer que el recién
nacido ha permanecido en absoluto “stand-by” en el útero de la madre, de forma totalmente
indiferenciada de ella. En todo caso podríamos también retrotraernos al inicio
de la actividad neurológica, al primer proceso mental cuando las condiciones
fisiológicas y anatómicas lo permiten.
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