miércoles, 10 de agosto de 2016

Primeros pasos (filosóficos)



Al principio
Podemos imaginarlo como lo que sucede cuando el recién nacido abandona el cuerpo de su madre (ese primer momento de individuación) [1] o como sería si nos detuviéramos en el tiempo, apagáramos todos los sentidos y registráramos lo que sucede empezando desde cero, empezando desde lo más básico y simple. Como si todo lo anterior fuera borrado y olvidado.
En ambas hipotéticas situaciones (ya que no podemos reproducirlas realmente con exactitud) podemos imaginar la situación inicial y la cadena de sucesos y procesos que tienen lugar.
En el momento cero (y extrapolando en la eternidad o vacío pasado anterior) no tenemos ni recordamos ninguna sensación, los sentidos están inactivos y hemos estado desconectados de ellos anteriormente así que nada nos llega, nada nos ha llegado. No sentimos nada ni recordamos ninguna sensación previa.
No hay pasado, no hay presente, no hay tiempo.
No hay sujeto, ego, yo o como queramos llamarlo, no nos hemos diferenciado del exterior (de hecho no hay exterior ni interior) porque no hay un medio, un límite separador.
No hay ningún contenido de conciencia, ya que no hay sensaciones, ni recuerdos, ni sujeto pensante, ni tiempo, ni diferenciación entre un exterior y un interior.
Difícil de imaginar ( si no imposible)… en todo caso, esa situación puede ser la clave para entender que son todos esos fenómenos que se manifestarán después: sensaciones, percepciones, ideas, razonamientos, lógica, modelos, interpretaciones, conocimiento… En ese momento primigenio en que el sistema existe pero todavía no se ha puesto en funcionamiento, el universo existe pero no es percibido, no es pensado y por tanto no ha sido interpretado, no ha sido codificado. Es distinto del que conocemos, es otra cosa, ajena a lo humano, autónoma e independiente.
Y entonces todo se pone en marcha.
Abrimos la puerta al exterior o, con otra imagen, activamos el interruptor y la máquina se pone en marcha.
Empezamos a tener sensaciones (nuestros sentidos emiten señales en contacto con determinados estímulos). Algunas de esas sensaciones se fijan y se convierten en percepciones (superan un determinado umbral y determinadas condiciones de entorno y nos afectan, producen un efecto superior).
Esas percepciones (dicho sea de paso) no son neutras, algunas son placenteras y otras dolorosas. De esos efectos somos conscientes, esto es, son percepciones también.
Algunas de estas percepciones son recordadas, se almacenan, codificadas y pueden ser reproducidas. No son las mismas sensaciones que tuvimos, pero están asociadas a ellas de forma directa y unívoca.
Y entonces, en un momento posterior (y sorprendentemente mágico) nuestro bebé o nuestro sujeto en el umbral de la puerta toman conciencia, se dan cuenta de la situación. De repente notan que hay un todo fuera, diferente de ellos mismos y que por tanto, ellos son algo diferenciado.
Porque lo de fuera cambia, porque es distinto de esa cosa que siente, percibe y recuerda.
Porque lo de dentro mantiene una estabilidad y coherencia. Una unidad. Cambia pero mantiene recuerdos, memorias en las que se reconoce.
Y también hay tiempo, porque hay recuerdos y porque las sensaciones, las percepciones y los recuerdos se suceden en serie y en algún tipo de orden.
Y también hay espacio, porque hay un dentro y un fuera. De hecho el espacio empieza justo en la línea divisoria entre el yo y el universo. Y ese espacio tiene dimensiones y características propias.
Y además nuestros sujetos razonan: sus recuerdos y sus percepciones se relacionan unas con otras, se parecen, unas siguen a otras con patrones de repetición, se crean clases y tipologías, se crean modelos… eso permite anticiparse y prever, en resumen, nuestros sujetos manipulan sus contenidos de conciencia subjetivamente a voluntad.
Esa manipulación muy variada en sus formas y potencialmente infinita en la cantidad de resultados generados. Algunos más útiles, algunos más elaborados, otros, como estas líneas, sin demasiadas pretensiones.
En todo caso, nuestro bebé y nuestro humano reiniciado se enfrentan a una situación especialmente compleja: percepciones, signos, ideas, verdad, interpretaciones, causalidad, conocimiento, opiniones, sabiduría, duda, creencias, placer, dolor, moral, lógica….
Un mundo creado por explorar.




[1] Vamos a suponer que el recién nacido ha permanecido en absoluto “stand-by” en el útero de la madre, de forma totalmente indiferenciada de ella. En todo caso podríamos también retrotraernos al inicio de la actividad neurológica, al primer proceso mental cuando las condiciones fisiológicas y anatómicas lo permiten.

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