Lo que sucede es
lo que tenía que suceder, es la única situación real y es la mejor de todas las
(teóricamente) posibles.
Lo cual no es una
invitación a la pasividad o la inacción, al contrario: cualquier cosa que se
pueda hacer, debe hacerse y el resultado será el tenga que ser, será
indiscutible y será el mejor que podía haber sido.
La evolución de
los estados de las cosas no puede ser vista en clave de sus causas, esto es,
interpretada desde su pasado a no ser que conozcamos todos los factores que
intervienen, su participación y seamos capaces de reconstruir y reproducir esa
evolución.
Como sea que en
sistemas complejos o en aquellos en los que como observadores influimos en su
interpretación (somos sujeto y objeto, causa y efecto) no podemos aislar
exhaustivamente el conjunto de causas y su exacta influencia habremos de
presuponer la situación estudiada “actual” como la única cierta, la real, la
mejor de todas las imaginables o posibles.
Hasta que seamos capaces de elaborar un modelo que explique el
funcionamiento (interpretación) que funciones en la práctica (predicciones
confirmadas) y solamente mientras se vea confirmado por las sucesivas
observaciones.
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